Publicado el: 20/09/2020 10:50 Hs.

Opinión: Vicentín, Milagro Sala, presa política

* Por Omar Marsili, escritor sampedrino, autor de "El paraíso sobre tus zapatos", El Maratonista” y “La deuda, el príncipe y los panurgos”

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Vicentín… no es una nombre, es una filosofía. El viejo criterio de, “el poder”, es dueño de los negocios, y el estado, debe sostener y apoyar los negocios de “el poder”. Préstamos a tasas subsidiadas, promociones industriales, privatizaciones de empresas estratégicas, y por supuesto, nacionalización de las empresas cuando se tornan deficitarias.

Los mercaderes del periodismo defienden a “el poder” e invitan a salir a las calles a proteger la iniciativa privada, y muy poco les importan los 2600 productores, el Banco Nación y el fisco perjudicados. Se defiende a una empresa que perjudica a miles. La empresa burló todas las reglas posibles. Negocios en paraísos fiscales, ventajas impositivas en Paraguay y Uruguay, siempre en perjuicio de la Argentina, pero hay que defenderla.

Esta filosofía de “el poder” es el modelo. Al repartir Rivadavia, ocho millones y medio de hectáreas de las tierras mejor ubicadas, en poco más de quinientas familias, se apuesta a la concentración de la riqueza. Roca, con la “ocupación del desierto”, reparte miles de hectáreas entre las mil familias seleccionadas, financieras de la invasión, y los militares criollos, ejecutores del segundo genocidio. El primero lo hicieron los ocupas españoles que vinieron a traer su sífilis, quitar la tierra a los propietarios originales y matar, o disciplinar, en nombre del Dios verdadero.

En los tiempos de estas decisiones latifundistas, el mundo elegía los minifundios. Hoy, el primer mundo elije defender el precio final de los productos agrícolas. El campo debe tener su rentabilidad, la fábrica la suya, el distribuidor, el comercio, buscan una equidad. Esta manía del poder económico nacional, de privilegiar los monopolios, y que estos fijen el costo y el precio para que pierda el consumidor y el productor, es nocivo y conduce a despoblar el campo y hacinar las ciudades, en definitiva, concentrar la riqueza en pocas manos. Pierden todos y ganan los monopolios.

La rentabilidad se debe repartir en toda cadena, pero en un país donde “el poder” fija las reglas, y al gobierno se le exige reducir su presencia a la “seguridad de la propiedad privada”, dista mucho de un modelo de convivencia, sobre todo de humanidad. Es más, cuando se dice “seguridad de la propiedad privada”, se dice tomando como punto de partida de la propiedad privada al momento más conveniente para “el poder”. La historia argentina está plagada de apropiaciones indebidas que son cosa juzgada porque la situación favorece a las minorías. El concepto de sociedad exige reglas claras. Trasparencia. Hay juicios sumarios para el pobre, y por otro lado, demoras y hasta prescripciones para “el poder”.

Vicentín estafó y corresponde cárcel inmediata, como el que roba un celular o una mochila. Es increíble que haya marchas para defender a una empresa que transgredió todas las buenas costumbres y burló la confianza, mas injusto aún, que la justicia tenga tantos laberintos para juzgar algunos y condenas, por las dudas, para otros.

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